Seguridad Social
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Seguridad Social. Hoy fui a una consulta del otorrinolaringólogo. Esperando en la sala de espera el espectáculo que tenía delante era algo singular y repetitivo. Toneladas y toneladas de mediocridad. Ancianos con las camisas sucias, ancianas con pantalones de deporte abolillados. Viejas de las de antes (y si, digo viejas, con desprecio, porque esas mujeres ignorantes y malintencionadas, criticonas y curiosas en exceso, solo pueden recibir ese nombre). Había una ecuatoriana con su niño y un niño por ahí suelto, ecuatoriano también, que se acercaba a una mujer española y a su hijo pequeño intentando trabar amistad con este, es decir: niño con niño. El niño ecuatoriano era raro. Al verlo sé lo que siente la gente cuando me ven a mí, o quizá no. Se comportaba como todos los demás pero había algo, en las facciones de su cara, en las miradas, y en pequeños detalles evidentes de una manera subliminal que delataban su condición de persona distinta a las demás. Al verlo podría yo definir que los raros somos diferentes a los normales, no somos enfermos mentales pero tampoco nos comportamos de una manera normal. Eso son los raros. No somos enfermos mentales pero no nos comportamos como los demás y eso os inquieta. Os inquieta tenernos cerca, no entender nuestras respuestas. A veces me sucede que hablando de un tema con otra persona doy una respuesta que se adelanta en 3 o 4 pasos al racionamiento de esa persona en ese momento. Si solo lo pienso y sigo escuchando la conversación (si somos varios hablando) me doy cuenta que 3 o 4 pasos después llegan a lo mismo que yo había pensado. Esto no me convierte en más listo, quizá sí, pero a lo que voy es que socialmente destroza las pautas en una conversación y hace que los demás no te entiendan. Es como esos animales que hacen el rito de cortejo demasiado rápido y a la hembra no le dan confianza y se marcha dejándolos solos. Prefiero no preferir la gente. Un hombre grande, fuerte y tonto (seguramente) tonto en el sentido de tener la inteligencia justa para vivir bien, hacer lo que el jefe le manda, conducir su camión (yo no he dicho que los camioneros sean tontos y la verdad: envidio la tontuna a la que me refiero aquí) cobrar todos los meses, vivir mal pero vivir, pagar la letra del coche, arreglar los bollados con el tiempo, llevarle el dinero a su mujer y poco mas, sin más aspiraciones que una cerveza con los amigos, la formula 1 los domingos y una buena mamada de su mujer. Me gustaba la manera en la que trataba a su hijo. El cabron, el pequeño cabron era muy revoltoso y la madre no podía con él. El padre, que era alto y muy fuerte como he dicho, sí que lo sabía llevar, pero lo controlaba sin intimidarlo, simplemente mostrándose fuerte pero dejando un viso de confianza en sus maneras, de cariño. Me encantaba eso mientras lo veía con su hijo esta mañana. El hombre tenía unas muñecas anchas. Esa característica distingue a un tipo fuerte de verdad de un gilipollas de gimnasio. Un tío duro, fuerte, es así por constitución, así que por lo tanto tiene las muñecas anchas. Un mierda tiene las muñecas pequeñas y el antebrazo ancho ¿Por qué? Porque es un mierda de gimnasio, nada más, seguramente ni tendrá cojones porque habrá pasado toda su vida en un cuerpo pequeño, acobardado por no sentirse capaz de dar ostias como panes. En cambio un tío que desde siempre ha sido fuerte tiene un carácter acorde con su poder para callar bocas a base de “moquetazos” en la puta cara. Lo que había allí era la clase media pura y dura, los que no valemos una mierda, los que solo valen para picar piedra y si les falta un brazo ni siquiera eso. Gente que no ha progresado en nada su vida. Nacieron pobres, humildes y morirán pobres, humildes. Ignorantes la mayoría de ellos y acostumbrados a unas jaulas muy pequeñas en donde la mente no requería enriquecimiento y el espíritu quedaba en penumbra. Hombres y mujeres con sus mezquindades y miserias que la vida les ha ido regalando como colonia barata en un cumpleaños. Si te das cuenta, allí, yo era uno más de ellos y creo que siempre lo seré. Genéticamente no tenemos las cualidades que hacen falta para progresar y llegar arriba. Nuestros padres eran mediocres y nuestros hijos lo serán también. Solo seremos la mano de obra de esas personas que están por encima de nosotros. Ellos vivirán en su mundo y nosotros en el nuestro y al final la muerte nos hará libre o quizá simplemente no nos hará: nos deshará. Fin. |

