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El tío Andrés



El Tío Andrés

Un día tranquilo en la fábrica de Guzmán. Guzmán es una pequeña localidad al este de Zamora en donde, prácticamente, todo el pueblo vive de esa fábrica. A José no lo conocéis pero os lo voy a presentar, yo, ahora mismo. José es Jefe de Calderas desde hace 15 años. Anteriormente fue carbonero y, mas anteriormente todavía, peón de rascado. Eso fue, más o menos, cuando tenía unos 14 años y desde entonces nunca ha dejado de trabajar en la fábrica. A solo 10 de su jubilación, José, toma su día, día de una manera tranquila, serena y responsable, pero sin agobiarse y sin ser una carga mental (un tocacojones) para nadie. A Marcos os lo voy a presentar dentro de poco, pero antes vamos a ver porque José va a conocer a Marcos.

José, se queda sin ayudante al caer este dentro de una caldera, por suerte apagada, y ser esta desgracia frustrada, la gota que colma el vaso de el jefe de riesgos laborales en cuanto al ayudante de José y su gran problema con la bebida. El ayudante se llama Vicente pero no os lo he presentado por no liar y porque es más bien un peón de temprana muerte en esta partida de ajedrez. No muere Vicente, pero va a la calle. José se queda tranquilo porque en el punto estaba de empezar a plantearse, seriamente, darle una ostia de vez en cuando a ese cabron borracho para que no se pasase de listo, ni de chulo con él. Pocos echan de menos a Vicente, en la fábrica, tras su despido pero no deja de ser un alma humana que se queda con su mísera, su desgracia, su mala suerte y los problemas suyos y de su familia. Una mierda.

Ahí llega Marcos. Marcos es un chaval de 23 años que acaba de terminar su carrera, además con buena nota, e intenta despuntar en el primer sitio donde le den una oportunidad. Marcos es de Zamora capital, pero se desplaza en el coche porque el sueldo de la fabrica está muy bien tan lejos no le pilla. El intenta destacar, eso está claro, pero no es esa la historia que estoy aquí para contaros. La historia es bien sencilla y bien graciosa.

Con el tiempo revuelto, un mal día de lluvia y frío en la calle, llega Marcos una mañana al trabajo. Su primera mañana en su primer trabajo serio. José, está avisado de que iba a tener un nuevo ayudante y le han comunicado que ha de enseñarle todo lo que sabe, que el muchacho, si vale, ira para un puesto alto en el organigrama de la fabrica. Son inteligentes en esa fábrica y hay que decir que a todos los directivos los hacen pasar y trabajar por todos los departamentos de la fábrica durante un periodo amplio. Una vez terminada su formación interna no hay nadie allí dentro que les pueda tomar el pelo, así que controla todo a la perfección. Marcos esta en esa primera fase de su proceso de ascensión laboral.

El lugar de trabajo de José es una amplia sala, llena de paneles de control, pantallas de imagen para las cámaras de vídeo y armarios eléctricos. Es una sala blanca, suelo blanco, paredes blancas, techo blanco y blancas también las carcasas de las máquinas. Lo único que no es blanco son los botones de las máquinas, negros en este caso, y las batas de laboratorio que llevan José y, ahora también, Marcos. Son verdes quirófano. Esta pensado todo ese entorno de colores para la concentración y la profesionalidad: el blanco no da lugar a la imaginación y el verde te da el estatus de cargo responsable en tu cabeza. Todo está pensado en esta fábrica y funciona bien, sino cambiarían el método.

El responsable de personal lleva por los largos pasillos de tubos de distintas medidas y grosores a Marcos, mientras le explica detalles de la fábrica, le presenta compañeros y jefes, por el camino, y le habla de lo bien que se puede llegar a estar allí dentro si uno cumple y demuestra lo que vale. Es psicólogo ese cabron, lo metieron ahí porque mantiene a los empleados motivados y, además, evalúa el grado de compromiso de cada trabajador con la fábrica. Funciona bien, ese tío no está ahí por ser el cuñado de la mujer del de personal, no. Está ahí porque puede joderte o ayudarte y siempre siendo rentable a la empresa.

De Marcos le queda una buena impresión. Marcos y, creo que ha llegado el momento de hablaros de él, es un buen tipo. Callado, serio, responsable y a la vez divertido, cuando tiene que serlo, cordial en todo momento y con un grado sumo de educación y formas, llevado con naturalidad, esa naturalidad que te hace saber que estas ante una persona que se comporta así porque en realidad es así. Lo mejor. Marcos no odia a la gente pero no tiene padre. Ese atisbo de indiferencia se le ve en el fondo de los ojos. Es duro crecer sin un padre, sin embargo Marcos tomo como modelo masculino a su tío Andrés. Andrés no es que sea serio y responsable, eso es mas bien características, digamos, genéticas de Marcos. Marcos se saco su carrera de ingeniería con la misma nota que su tío Andrés saco la suya, también de ingeniería y trabaja en una fábrica fuera de la capital igual que su tío. No tiene novia, aun, y seguramente dará con una a la misma edad que su tío. Si su tío hubiese sido un drogadicto vividor, Marcos estaría ahora mismo sin trabajo y enganchado a alguna droga.

Hay una especie de chispa rara cuando José y Marcos se conocen. El psicólogo les presenta, se dan la mano. La máquinas emiten su particular zumbido incesante y los dos compañeros intercambian unas frases de exquisita cortesía. En esas pequeñas frases clavan ellos sus miradas al comprobar que tanto el uno como el otro dominan las técnicas y modos del comportamiento cortes y educado. Se gustan, no de una manera homosexual, coño, se caen bien, se gustan por ese comportamiento. Una persona educada no cae, por educación, en la competencia de ver quien es mas educado de los dos, así que la única alternativa es caerse bien. Son de una estatura aproximada, tienen el mismo color de ojos y el mismo color en el cabello: un pelirrojo desteñido pero con cierto brillo. Ligeramente ondulado el pelo y una espalda ancha, natural, nada de gimnasio, un cuerpo bien hecho desde el útero. Hay que decir que su altura ronda el metro 80 en ambos casos, si bien Marcos es un par de centímetros mas alto. Ese primer día y los que siguieron después sirven a los dos para descubrir, con agrado, que en verdad han tenido suerte de caer como compañeros y de que extrañamente tienen vicios y costumbres muy parecidas. Los dos suelen tropezar con las máquinas de vez en cuando y de una manera tonta. Los dos utilizan el lápiz y nunca el bolígrafo y si lo hacen siempre bolígrafo azul, nunca, de ninguna manera, rojo, negro o si lo hay verde. Sobrasada es lo que comen los dos todos los días como bocadillo en el almuerzo, dato que comentaron a la semana de estar juntos en sus puestos de trabajo, descubriendo que de toda la vida han comido bocadillo de sobrasada para almorzar, excepto si había de tortilla de patatas. La sobrasada les gusta con habas en el tiempo y a veces con pepino, en rodajas, cosa rara, si, pero que, curiosamente, también compartían. No voy a decir que no les molesto un poco, al principio sobre todo, este tipo de coincidencias naturales. Se hace raro conocer a alguien que tiene tus mismas costumbres tontas e incluso tus mismos defectos sin importancia y tus mismas manías. Se hace curioso como un chino pensando ¿por qué en Murcia se le llama chinos a los cerdos?

Pasados unos meses, y conociéndose ya bien en cuanto a todo lo que mantenían en común llegaron a adquirir cierto vinculo extraño de protección y amparo.

- Tu madre ha de ser una gran mujer. – Esto José a Marcos, cada uno con un bocadillo de sobrasada en la mano.

- No, tampoco es para tanto.

- Hombre si se ha sacado una carrera ahora con casi 50 años y trabajando a la misma vez no me digas que no, que ya sabes tú lo que es una carrera.

- Hombre un poco sí, pero yo que sé, también es enfermería que no es como si fuese una carrera complicada como derecho o química.

- Pero es lo mismo, coño, es tu madre, es mayor y no ha dejado de trabajar.

- Ya, pues ahora una oposición. Y yo creo que se la va a sacar.

- Joder, eso está muy bien. Y, tu padre cuando dices que murió.

- No, murió- aquí la cara de Marcos no cambia de expresión. Como si no le afectara pero José, teme haber metido la pata y se queda callado y con el galope del corazón aguantado.- No murió, vamos yo no sé si está muerto. Yo nunca lo conocí y mi madre nunca me ha dicho quien era.

- Que gracioso, bueno gracioso, no, es jodido o será jodido pero…

- No es jodido, yo que sé, es como si naces así y ya está, es así, no lo hechas en falta porque nunca lo has tenido, sabes.

- Ya, ya, bueno… es gracioso lo de tu madre, tiene mucho coraje.

- Si, mira lo que te voy a contar no lo sabe nadie o casi nadie, creo yo. Ni mi novia.

- ¿La que dejaste?

- La que dejé.

- Que cabron.

- Mira, mi madre se quedo embarazada por inseminación artificial.

- No me jodas.

- Como te digo.

- Ostia, no me jodas. Y ¿tu lo sabes?.

- Sí, me lo dijo, era yo mayor, ya, pero me lo dijo.

- Joder

- Pues sí.

- Pero eso es difícil porque si echas cuentas tu madre es ya mayor y eso se aprobaría hace no tanto.

- Hace 23 años. Los que tengo yo José. Mi madre tuvo que ser de las primeras aquí en España en probar eso.

- Es jodido eso.

- No, ¿por que?, ella lo lleva muy bien, hizo lo que quiso y le salió bien, mírame a mí como estoy, no tengo problemas, no me drogo, no soy un estereotipo de hijo que no conocía a su padre.

José, seguía serio, casi terminando ya su bocadillo pero sin dar un bocado desde hacía un par de minutos ya.

- Te dijo también en que Hospital se lo hicieron.

- No.

- Bueno, ya ves, es una tontería, Marcos pero si me quieres da un gusto pregúntale y me lo cuentas mañana.

- Si quieres la llamo por el móvil y se lo pregunto.

- No, hombre, no es para nada. Tu se lo preguntas y mañana hablamos.

Mientras decía esto, José se levantaba, con el bocadillo sin terminar y Marcos hacia lo mismo sin pensar en porque querría su compañero y amigo saber una cosa tan rara como esa pero reparando, Marcos, en que José no había terminado de comer el bocadillo. Cosa rara porque siempre los dos terminaban los bocadillos al mismo tiempo.

- Carlos V. – ya es la mañana siguiente.

- ¿El emperador?.

- No, el hospital.

- Entiendo.

José, estuvo todo el día callado. Marcos le pregunto en varias ocasiones si tenía algún problema, si le había molestado algo o si le pasaba cualquier cosa. No, respondía José y seguía a lo suyo casi sin prestar atención a Marcos. La cosa siguió así varios días. Apenas José le hablaba nada a Marcos, este le preguntaba y le sacaba conversación pero José respondía de manera educada y corta a todo para seguir en su ensimismamiento.

- Siéntate- Habían pasado 8 días.- Marcos, hace 23 años yo fui al hospital Carlos V de Zamora.

- Si.

José, tomó aire sin ni siquiera saber cómo seguir sus palabras.

- Hice una donación, de semen.

Ahora Marcos clavaba sus pupilas en las de José sin saber que decir ni querer decir nada. Una expresión fría cambio su semblante desde la frente hasta los talones. José, se dio la vuelta y se fue hacia una máquina. Controlo la válvula de expulsión de aire en la máquina 3, la más grande y pesada, que ya necesitaba respirar. Abrió la válvula una pulgada mas durante 3 minutos, y tres minutos después la devolvió a su posición habitual 1 pulgada más cerrada. Marcos hizo lo propio con la máquina dos mientras que José hacia en la máquina uno lo mismo que había hecho con la 3 y lo mismo que estaba haciendo ahora Marcos con la 2. 3 minutos largos, silenciosos, con la única conversación del zumbido perpetuo de los armarios eléctricos, ese zumbido con el que bromeaban que los dejaría impotentes y eso solo si José no lo estaba ya. No había risas ahora, solo silencio y zumbido.

4 semanas después no había vuelto a hablar de ese tema. Su comportamiento ahora era exactamente igual de cordial que antes. Hablaban y se reían de todo como si toda aquella, extraña, revelación no hubiese sido más que el argumento de la película que vieron por la noche antes de dormir. Una cosa si había cambiado. Había un cierto “toque” de paternidad en todo lo que José decía a Marcos y Marcos aceptaba ese “toque” y respondía como el que agradece la labor de cuidado y enseñanza que su padre hace por él. Era una locura, los dos lo sabían, como iba a poder ser que fueran padre e hijo, que diese esa ínfima, remota casualidad y que el esperma que un día, no sabe cómo, José dono a un Hospital, su madre, la madre de Marcos lo recibiera en ese mismo hospital hace exactamente 23 años. ¿Cómo podía ser eso?¿Como iba a ser eso? Pero sin embargo eran físicamente iguales, misma aproximada estatura, mismo color de pelo, raro color de pelo, mismos vicios tontos y defectos tontos, mismas manías. Habían empezado a descubrir en sus rostros similitudes. Se observaban a veces, intentando que el otro no lo notase. Observaban la cara del otro y la comparaban mentalmente con la suya. El color de los ojos, la forma de los ojos, la forma de la nariz, la forma de la boca, el grosor de los labios, la postura al andar. Uno se lo observaba al otro y el otro cuando no lo miraba hacia lo mismo. No puede ser, eso lo tenían claro, no puede ser se decían así mismos cada vez que hacían todo esto, pero en el fondo crecía una sensación de certeza, un todo que llenaba una nada que siempre había está ahí, en el corazón o el pecho de los dos. Se llenaba ese pozo con agua dulce y no salada. Entonces un día, exploto.

Marcos hablo con su madre. Su madre estaba llorando, decía que no podía ser. Al principio rehuyó la respuesta, esquivo el interrogatorio, tan inoportuno, de su hijo, pero al final se derrumbo. Marcos le preguntaba y le preguntaba sobre ese día, sobre esa decisión y le hablaba y le contaba de José, de sus manías, de las cosas que coincidían tanto físicamente como en gustos. Su madre le dijo que ese hombre no era su padre, que no podía serlo y que nunca más le preguntara por nada pero Marcos no podía dejar ese tema así, no era un carpetazo lo que podía cerrar ese lugar de su corazón que ahora se había abierto pidiendo aire. Marcos insistió e insistió en el interrogatorio, su madre lloro y lloro pero él no cedió, mantuvo el pie firme en el acelerador de sus ojos, en sus preguntas hasta que su madre no pudo más que dejarse derribar y caer al suelo de la verdad. El acoso de Marcos dio su fruto, amargo.

Ese hombre no era su padre, no lo era y nunca podría serlo porque su padre no salió de una probeta. Llorando y con la cara en el suelo su madre le dijo a Marcos que su padre era su tío. El hermano de su madre. Su hermano Andrés, su tío Andrés que ahora dejaba de ser tío y se convertía en padre perdiendo Marcos a su tío y sustituyendo una probeta por algo macabro e inimaginado.

Marcos, como buena persona que es y muchacho de corazón noble y firme, tras volver de una extraña baja por depresión hablo con José y le confesó toda la verdad. Aquella sensación de paternidad que sentían los dos se trasformo en amargura y pena para Marcos y en desasosiego e incomodidad para un hombre que nunca tuvo un hijo pero que podía tenerlo en cualquier parte de España. 2 meses después Marcos abandono el trabajo y dio una larga vuelta por el mundo. Andrés sigue sin aparecer. Se fue de Zamora y sigue sin aparecer.

 

 

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